Un taxi para Retiro

Un buzo, dos remeras, algunos boxers y tres pares de medias. Eso tiene mi bolso. Son las 6 de la mañana y estoy esperando que pase un taxi. Media hora de frío y soledad, la calle amanece y me subo a un fiat siena para que me lleve hasta Retiro. Por dentro, ruego que no sea el típico tachero comepanchos, con ganas de compartirme todas sus frustaciones. Ojo, él si quisiese pudiera ser un millonario, claro está. Pero su grandeza se lo impide, sus valores valen los kilos de pegamento que lo tienen incrustrado en ese asiento con bolitas de madera.

No aguantó ni una cuadra.

Maestro, ¿se va de vacaciones?

Algo así, me voy por un tiempo. me alejo de la mediocridad de enfermos como vos, de engranajes despreciables que me cocinan el alma dejando nada más que alquitrán. Me alejo de vos y de los dueños, y de los inquilinos, y de los que más y menos tienen.

Está muy bien! Yo a veces hago lo mismo. Yo no soy de acá, soy de Entre Ríos, así que de vez en cuando me voy para allá. Es otra cosa hermano, acá están todos locos. Te lo digo yo que ando en la lleca todo el día. Locos y garcas, eso hay nada más.

Hago un silencio, tratando de generarle una incomodidad y que se llame al silencio. No funciona, ya agarró viaje y no tiene pensado parar hasta llegar. Me cuenta que estudió para abogado pero que le quedaron 2 materias. No había terminado la carrera porque se dio cuenta que iba a tener que cagar gente.

En otro momento no me hubiese importado, pero el muy sorete me cobró de más.

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