Los Otros

Ahí están ELLOS. Haciendo fila para entrar, cada uno con su número de asiento en la mano. Suben pero se quedan parados en el pasillo, y después se sientan donde no les corresponde. Se quieren cambiar a ventanilla, van al baño, piden agua o café. O jugo de naranja, frío. Mientras me golpean al reclinar el asiento pienso en lo poco que falta. Pero eso tampoco alcanza. Los bolsos que se les caen en mi cabeza, las migas que tiran sobre mi pasillo, el agua que me salpica la jeta.
Entonces fantaseo con que algo pase en la ruta. Un accidente de frente, que incendie el micro. Todos morimos quemados, pedacitos de carbón al rojo vivo llenan nuestros pulmones. Cierro los ojos cuando un cornudo me golpea con su valija y me tranquiliza oler el humo y escuchar los gritos.

Pero al final no pasa nada.

Nunca pasa nada.

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