Retiro

El día anterior había renunciado al laburo, mandé al carajo los diez años de sacrificios, los lunes de facturas, el café pastoso de la máquina, los almuerzos en el comedor, y sobre todo, a la gente.
Ya estoy en Retiro y tengo que esperar media hora para que salga el micro. Por suerte consigo un asiento en la terminal cerca de una disquería, en donde están pasando buena música.

Me relajo, apoyando la espalda y la nuca contra el asiento. Tal vez sea necesario conocer la oscuridad para disfrutar unos pocos rayos de luz que se desprenden por ahí. Una sonrisa compartida, una mirada, una frase… una canción de Pink Floyd.

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